Opinión

OPINIÓN | «Los desafíos del nuevo Consejo de Desarrollo Rural», por Pilar Cereceda

La realidad constata que los territorios rurales del país siguen manteniendo índices de desarrollo menos favorables que los urbanos y con esto se desaprovechan diversas potencialidades orientadas a lograr un desarrollo integral. En ese sentido, recientemente se dio a conocer el rol que cumplirá el Consejo Nacional de Desarrollo Rural: mejorar las condiciones de vida y las oportunidades de las personas que habitan en estas localidades, a través del apoyo en la implementación de la Política Nacional de Desarrollo Rural.

Esta política no busca resolver desde el nivel central las problemáticas de las zonas rurales, sino que, muy por el contrario, busca promover espacios de diálogos y de trabajo para que sean las mismas comunas, las mismas autoridades regionales y locales las que encuentren estos caminos.

Además, el carácter consultivo y propositivo del Consejo Rural contará con la participación de actores del mundo público, privado y de la sociedad civil en igualdad de condiciones, con una paridad de 56% de mujeres, con la experiencia de expertos y con una idoneidad que asegure el debido pluralismo.

En definitiva, la meta de esta política será la sustentabilidad social, ambiental, cultural y económica, donde no repetiremos estudios ni diagnósticos conocidos, por cuanto se nos encomendó aportar con ideas para entregar soluciones y acciones concretas que impulsen la Política Nacional de Desarrollo Rural.

Publicación aparecida el 2 de julio de 2021 en el Diario Financiero.

Pilar Cereceda
Presidenta del Consejo Nacional de Desarrollo Rural
Premio Nacional de Geografía 2019

Educación Rural

OPINIÓN | «Educación rural en pandemia», por Adolfo Ochagavía y Raimundo Larraín

Hoy 7 de abril, como todos los años, conmemoramos el día de la educación rural. Por segundo año consecutivo, y como consecuencia del covid-19, esta conmemoración se da en un marco particular: clases suspendidas por cuarentenas, profesores exigidos al máximo de sus capacidades, muchos alumnos imposibilitados de continuar con sus aprendizajes: es la realidad de la educación rural en pandemia.

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«La educación no es solo el pilar fundamental para el desarrollo de cada persona, sino que en el ámbito de la ruralidad, tiene la función adicional de construir comunidad y desarrollar las tradiciones y cultura».

Si el nuevo año escolar ya significa un desafío para todos, constituye uno mucho mayor en las 3.400 escuelas rurales de Chile donde los problemas de conectividad y desplazamiento son considerablemente mayores. Según un estudio realizado en 2020 por la Fundación 99, con la colaboración de los ministerios de Educación, Agricultura y de la Agrupación de Profesores y Profesoras Rurales de Chile, el 34% de los docentes rurales no había podido hacer clases en ningún formato -ni online ni presencial-, desde el cierre de los establecimientos.

Conscientes de esta realidad, desde el Minagri y el Mineduc hemos desarrollado herramientas específicas para ir en apoyo de estos 300 mil alumnos y sus profesores. Durante marzo entregamos recursos impresos para que las escuelas rurales puedan realizar un diagnóstico integral que permita conocer el efecto de la pandemia en los aprendizajes y el desarrollo socioemocional de los estudiantes, de manera que directivos y docentes cuenten con la información más detallada posible para la toma de decisiones y la elaboración de sus planes educativos.

Publicación aparecida el 7 de abril de 2021 en El Austral de La Araucanía.

Además, con el fin de que todas las escuelas rurales tengan conexión a internet de calidad, este año comenzará a implementarse el Plan de Conectividad 2030, que permitirá conectar a 2087 establecimientos rurales y, para los más pequeños, se entregaron dispositivos que permitirán a docentes y estudiantes acceder a recursos digitales de calidad, sin necesidad de conexión.

La educación no es solo el pilar fundamental para el desarrollo de cada persona, sino que en el ámbito de la ruralidad, tiene la función adicional de construir comunidad y desarrollar las tradiciones y cultura. La tarea aún es ardua, pero a través de la Política Nacional de Desarrollo Rural estamos comprometidos con la transformación del mundo rural desde un espacio de brechas a uno de oportunidades, apuntalando el desarrollo de cada territorio.

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Adolfo Ochagavía
Director (s) Nacional de Odepa

Raimundo Larraín
Jefe de la División de Educación General del Ministerio de Educación

OPINIÓN | «Las voces rurales en la Constitución», por María Emilia Undurraga

Este año no ha sido como lo imaginábamos. Una parte importante de la población nos vimos obligados a permanecer largo tiempo en cuarentena, cambiando nuestras rutinas y formas de relacionarnos: levantarnos, movernos al trabajo, ir a la escuela o a la universidad, juntarnos con otras personas, estar con la familia, recrearnos…. todo eso, de pronto, se acabó. Salir de nuestras casas pasó a ser una excepción, mientras que las herramientas de reuniones virtuales se convirtieron en aliados obligados.

El camino democrático que hemos iniciado, que traerá consigo la propuesta de una nueva constitución, será realmente inclusivo si las distintas fuerzas políticas y sociales ponemos el foco en escuchar, visibilizar y movilizar a este 25% de la población nacional que habita y da vida al 83% de nuestro territorio.

Tuvimos que enfrentar grandes desafíos en poco tiempo, adaptarnos a una nueva normalidad, donde además nos hemos hecho más conscientes y hemos valorado cosas que dábamos por sentadas. Desde ir a un parque, participar de una reunión familiar o una junta con amigos hasta algo tan básico como alimentarnos. Y es que, pese a todo, a Chile no le faltaron los alimentos: frutas, verduras, hortalizas, carnes, lácteos, y un sinfín de productos del mar y de la tierra, los que han estado a disposición de nuestra mesa de manera permanente. Todo esto, con un claro responsable: el mundo rural. Desde General Lagos hasta Puerto Williams, cientos de miles de mujeres y hombres no dejaron de trabajar: sembraron, cuidaron, cosecharon y distribuyeron los alimentos para llegar, día a día, hasta nuestros hogares. A estos héroes y heroínas, les estaremos eternamente agradecidos.

Sin embargo, el mismo año en que fuimos testigos de este crucial rol en nuestras vidas, nos dimos cuenta de que las voces de los habitantes rurales no se han escuchado. Así, y en otro evento histórico ocurrido en octubre pasado, millones de compatriotas acudieron a las urnas para participar del plebiscito nacional sobre el proceso constituyente. Las grandes ciudades se pronunciaron con una voz fuerte y juvenil, pero en la ruralidad no ocurrió lo mismo: en 7 de cada 10 comunas rurales, de un total de 263 a nivel país, la participación fue en promedio un 10% más baja que en la última elección de 2017.

Estos números reflejan una frustración que lleva varias décadas, en donde se ha avanzado, pero a paso muy lento. Mientras en los mayores centros urbanos hemos tenido acceso a agua, internet y salud, por ejemplo, los sectores rurales se han visto privados de estos aspectos fundamentales para enfrentar las restricciones que impone la crisis sanitaria. Es en estas materias que de manera excepcional el Gobierno ha anunciado un aumento en el presupuesto en las inversiones de agua potable rural, contraprestaciones para favorecer el acceso a internet en el marco de la licitación del espectro 5G y el desarrollo de un proyecto de Fibra Óptica Nacional y Austral que en conjunto beneficiará a la totalidad de comunas rurales del país.

El camino democrático que hemos iniciado, que traerá consigo la propuesta de una nueva constitución, será realmente inclusivo si las distintas fuerzas políticas y sociales ponemos el foco en escuchar, visibilizar y movilizar a este 25% de la población nacional que habita y da vida al 83% de nuestro territorio. Es realmente un imperativo si pensamos en un futuro más justo, libre y sustentable, que favorezca el desarrollo regional y local.

Para que Chile sea una casa común que acoja a todas las personas sin distinción, se requiere del aporte de todas las miradas, especialmente de aquellas que habitan en la rica diversidad de nuestros paisajes y que se manifiesta en sus distintas culturas. Por eso desde la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura, y el rol coordinador que nos compete en la implementación de la nueva Política Nacional de Desarrollo Rural, hacemos un llamado a escuchar las voces de la ruralidad, para que el proceso constituyente que definirá las próximas décadas del país esta vez no deje fuera a nadie.


María Emilia Undurraga
Directora Nacional de Odepa

OPINIÓN | «Mujer rural de Los Ríos», por María Emilia Undurraga, Moira Henzi y Camilo Carrasco

Las mujeres rurales tienen un rol fundamental en el desarrollo del país y sus regiones. Su participación en los distintos ámbitos de la vida contribuye de forma significativa a dinamizar las economías locales, erradicar la pobreza, fomentar la educación, salvaguardar la cultura, enfrentar el cambio climático, cuidar la salud, asegurar la alimentación y fortalecer el tejido social, solo por nombrar algunos aspectos. En muchas de las comunas y pueblos de la región de Los Ríos, los grandes referentes son mujeres.

Decir hoy “mujer rural” es reconocer la gran diversidad de mujeres rurales que habitan esta región: campesinas, artesanas, pescadoras, emprendedoras, madres, solteras, niñas, indígenas y un sinfín de características que las hacen únicas.

La intensa discusión que por estos días se da en un contexto de cambios sociales y políticos no puede eludir el desafío que nos imponen las profundas brechas territoriales y de género que tenemos. Decir hoy “mujer rural” es reconocer la gran diversidad de mujeres rurales que habitan esta región: campesinas, artesanas, pescadoras, emprendedoras, madres, solteras, niñas, indígenas y un sinfín de características que las hacen únicas. Sin embargo, también es visibilizar las inequidades que, si bien están presentes en lo urbano, se acentúan aún más en lo rural, y algunos temas como la violencia, el aislamiento y el bajo acceso a tecnologías, se ven incrementados por la crisis actual.

Entre diversos actores públicos y privados articulados en la iniciativa “Santiago no es Chile” no solo estamos visibilizando estos temas, sino que también estamos trabajando en conjunto por entregarles más herramientas para el desarrollo de sus capacidades, mayor autonomía, puesta en valor del trabajo, fortalecimiento de la asociatividad y transversalizando el enfoque de género en las distintas acciones, para así potenciar los liderazgos de las más de dos millones de mujeres que viven en el mundo rural de nuestro país.


María Emilia Undurraga
Directora Nacional de ODEPA

Moira Henzi
SEREMI de Agricultura Región de Los Ríos

Camilo Carrasco
Director Ejecutivo Fundación AcercaRedes

OPINIÓN | «Educación Rural en tiempos de cuarentena», por María Emilia Undurraga

El cierre de escuelas y colegios durante esta emergencia ha vuelto a poner de manifiesto la importancia del quehacer educativo. Por estos días muchos padres tratan de explicar y mantener concentrados a sus hijos aprendiendo en casa, a la vez que intentan llevar el orden de sus hogares y trabajos. La labor es ardua.

«Es lo que 50 representantes del mundo público, privado y de la sociedad civil han diagnosticado en la Mesa de Educación Rural que como Ministerio de Agricultura conformamos junto al MINEDUC, para acelerar la transformación del mundo rural desde un espacio de brechas a uno de oportunidades».

En gran parte de nuestro país, en el 80% del territorio, este escenario se complejiza. Es el escenario de la educación rural. Los trabajos del campo no pueden ser realizados a distancia, por lo que los niños no son asistidos por sus padres y las herramientas de aprendizaje remoto están disponibles solo para el 16% de los hogares rurales que tienen acceso a internet por banda ancha a nivel nacional, 13,6% para Los Lagos (CASEN 2017).

Esta semana en que conmemoramos a la educación rural, tenemos la oportunidad de visibilizar la urgencia de superar estas inequidades. En este contexto, quisiera destacar el proyecto de Fibra Óptica Nacional de la SUBTEL que busca conectar a 186 comunas con su capital regional, reduciendo la brecha digital rural.

Esto es solo una parte de lo que hoy debemos enfrentar y es lo que 50 representantes del mundo público, privado y de la sociedad civil han diagnosticado en la Mesa de Educación Rural que como Ministerio de Agricultura conformamos junto al MINEDUC, para acelerar la transformación del mundo rural desde un espacio de brechas a uno de oportunidades, donde podamos abordar temas más profundos para el desarrollo de cada territorio.


María Emilia Undurraga

Directora Nacional de Odepa

Opinión | «El Aporte de la mujer en el Estado», por María Emilia Undurraga

Si bien la presencia de mujeres en cargos ejecutivos en el Estado casi triplica lo que ocurre en el sector privado, aún queda mucho por hacer para que los talentos de mujeres y hombres compitan en igualdad de condiciones.

«En el contexto actual, donde se necesita otra forma de relacionarse, encontrarse y, finalmente, propiciar instancias de diálogo sincero que nos permitan reflexionar y acordar un camino por un Chile más justo, libre y solidario, las mujeres tenemos un rol crucial».

De acuerdo a cifras del Servicio Civil el año 2019 se logró el mayor número histórico de mujeres nombradas en cargos de Alta Dirección Pública, llegando a 151, lo que representó un 32% del total de los directivos públicos nombrados.

Esta es una buena noticia, pero queda aún un largo camino por recorrer. Tenemos como sociedad grandes brechas de base, enraizadas en nuestra cultura, que se replican luego  en los ambientes laborales.

El rol preponderante de la mujer en el cuidado de los hijos y de los padres, la alta carga de trabajo y la lógica 24/7 de los cargos de liderazgo desincentivan, en primera instancia, a las mujeres a postular a dichos cargos. Las que decidimos asumir el desafío, contamos con pocos referentes y, en el afán de aportar desde el ser mujer, tenemos que recorrer un nuevo camino con pocas guías.

Gran parte de las mujeres que asumen cargos de ADP, se han tenido que organizar de otra forma que la que lo hicieron sus padres; son cuestionadas por sectores de la sociedad que ven una incompatibilidad entre sus distintos roles; y a veces, en sus servicios se enfrentan con culturas institucionales acostumbradas a otro tipo de liderazgo. Pero esto no ha sido un impedimento para muchas de ellas, sino más bien un desafío.

Los cargos de Alta Dirección Pública son de gran responsabilidad y las mujeres podemos desde allí hacer una gran contribución al país. En el contexto actual, donde se necesita otra forma de relacionarse, encontrarse y, finalmente, propiciar instancias de diálogo sincero que nos permitan reflexionar y acordar un camino por un Chile más justo, libre y solidario, las mujeres tenemos un rol crucial. Mi experiencia al asumir la dirección en la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura es que no fue fácil sumergirse en un mundo liderado por hombres, en la mayoría de los gremios, servicios, Seremías y diferentes organizaciones; sin embargo, de a poco hemos ido complementándonos y se han abierto a distintas formas de ver y resolver los diferentes desafíos. Por otra parte, el estar en contacto con tantas mujeres rurales, que hacen patria en múltiples rincones de nuestro país, y que son el pilar de desarrollo para sus comunidades, me ha permitido aprender de ellas, avanzar en esta construcción y reforzar la idea que el sector público es un espacio que no podemos abandonar.

Red de Mujeres Líderes en el Estado

Debemos avanzar en la formación de redes que permitan conectar mujeres, para compartir experiencias y modos de resolver las brechas existentes. Por eso me sumé a la Red de Mujeres Líderes en el Estado, programa de gestión de talento del Servicio Civil, que busca promover más postulaciones de mujeres a los cargos de Alta Dirección Pública. Allí, realicé un acompañamiento a dos funcionarias públicas de SAG y en conjunto con ellas recorrimos tanto los miedos como las fortalezas de ir dando pasos para tomar responsabilidades mayores en sus áreas, concretándose un proyecto que están ejecutando en conjunto con sus equipos.

Las mujeres tenemos que tomar en serio la responsabilidad de aportar a la construcción del Chile que queremos desde el sector público y esto requiere valorar tanto nuestras competencias profesionales como la forma de liderazgo que queramos desarrollar.


María Emilia Undurraga
Directora Nacional de Odepa

OPINIÓN | «Hacer posible la vida en la ciudad», por María Emilia Undurraga

Esta semana se conmemoró el Día del Trabajador, hito que nace con las reivindicaciones por la extensión de la jornada laboral y la masiva llegada de trabajadores del campo a la ciudad en busca de nuevas oportunidades.

«Desde el Gobierno estamos impulsando la Política Nacional de Desarrollo Rural que, junto con mejorar la calidad de vida de las personas del mundo rural, busca hacer de las áreas rurales -más del 80% de la superficie de nuestro país y en el que habita el 29% de la población- espacios de más y mejores oportunidades para todos».

Desde entonces muchas cosas han cambiado, pero otras permanecen: nuestras zonas rurales siguen vaciándose, sobre todo están siendo dejadas por los más jóvenes, quienes ven en las ciudades una oportunidad de desarrollo personal. La tasa de ocupación en zonas rurales, según datos de la última encuesta CASEN, es de 48% frente al 56% en zonas urbanas. Las nuevas generaciones se mueven no solo en busca de lugares donde estudiar sino también donde poder trabajar.

Sin embargo, esto no es la única alternativa para surgir, y es por eso que desde el Gobierno estamos impulsando la Política Nacional de Desarrollo Rural que, junto con mejorar la calidad de vida de las personas del mundo rural, busca hacer de las áreas rurales -más del 80% de la superficie de nuestro país y en el que habita el 29% de la población- espacios de más y mejores oportunidades para todos.

Esta Política quiere potenciar las diversas oportunidades económicas de los territorios a través del apoyo al emprendimiento y la mejora de capacidades para aumentar la empleabilidad, atendiendo las necesidades del Chile rural desde donde provienen los recursos que hacen posible la vida en la ciudad.


María Emilia Undurraga
Directora Nacional de Odepa

OPINIÓN | «La escuela invisible», por María Emilia Undurraga

Durante una reciente visita de trabajo a la isla de Chiloé pude volver a comprobar una realidad conocida pero invisibilizada. Entre varias otras carencias del mundo rural, una de las que más me duele son las enormes dificultades que muchos isleños tienen para lograr educar a sus hijos, teniendo que trasladarse a veces por mar y tierra y durante horas, para llegar hasta el establecimiento educacional más cercano. Para ellos, dadas las circunstancias, ni siquiera es tema la calidad de la educación, es tener dónde estudiar y compartir con otros niños.

«La educación es solo uno de muchos temas en los que nuestra población rural presenta grandes brechas con el mundo urbano, y que el programa de Gobierno del Presidente Piñera considera urgente abordar. Es por esto que estamos impulsando la Política Nacional de Desarrollo Rural, que busca mejorar la calidad de vida y aumentar las oportunidades de las personas que viven en el mundo rural».

Esta realidad, que se da en Chiloé, se repite una y otra vez a lo largo y ancho de nuestro país en los sectores rurales. Sin ir más lejos, y según cifras del Ministerio de Desarrollo Social, la población rural de Chile respecto de la urbana presenta una mayor proporción de personas sin educación formal, menores niveles de educación y una menor proporción de profesionales.

Actualmente, existen más de dos años de diferencia en años de escolaridad entre el mundo urbano y el rural, siendo de 11,4 en el primero y de apenas 9,3 en el segundo. Si nos fijamos ahora en quienes han terminado la educación superior, nos damos cuenta de que la diferencia es aún más dramática, pues según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), quienes han terminado su educación superior en el mundo urbano más que doblan a los que la han terminado en el mundo rural (24,6% vs 12,4%).

Parte de esta realidad se vio representada en los resultados de las mesas de Compromiso País, demostrando que más allá de un tema  solo de pobreza es un tema de ruralidad. Así, por ejemplo, cuando se hace referencia al compromiso “personas mayores de 18 años que no se encuentran estudiando y no han completado los 12 años de escolaridad”, la realidad muestra que en las áreas rurales es prácticamente el doble que en las áreas urbanas (63,9% vs 33,9%).

La educación es solo uno de muchos temas en los que nuestra población rural presenta grandes brechas con el mundo urbano, y que el programa de Gobierno del Presidente Piñera considera urgente abordar. Es por esto que estamos impulsando la Política Nacional de Desarrollo Rural, que busca mejorar la calidad de vida y aumentar las oportunidades de las personas que viven en el mundo rural, y que será liderada por el Ministerio de Agricultura, a través de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa).

Lejos de ser un tema solamente agrícola, estamos trabajando en la instalación de una nueva perspectiva territorial que considere dicha pobreza en la real multidimensionalidad que tiene y que promueva el bienestar de todas las personas, sin importar el lugar geográfico donde vivan.

Hace pocos días celebramos el natalicio de nuestra Premio Nobel de Literatura y profesora rural, Gabriela Mistral, en cuyo honor se estableció precisamente el Día de la Educación Rural. Desde sus clases al aire libre en sectores campestres hasta sus poemas resaltando la labor de “la maestra rural”, nos enseñó la importancia de la educación en dichas zonas para nuestro país. Es por esto que abril es un mes ideal para resaltar su figura y la de todos quienes han asumido la labor de impartir su enseñanza en el mundo rural, una realidad hoy invisible para muchos y que desde el Ministerio de Agricultura queremos visibilizar y mejorar.

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